martes, 27 de enero de 2015

COMENTARIO DE TEXTO (FRAGMENTO DE LA REGENTA, DE LEOPOLDO ALAS CLARÍN, p. 204)

RESUMEN
Don Álvaro Mesía apareció en la plaza montado en un hermoso caballo y se acercó al balcón donde se encontraba Ana Ozores. Ambos conversaron y, por primera vez, la Regenta no ocultó la atracción que sentía por su pretendiente.
TEMA
El tema del fragmento es el adulterio, que es típico de la novela realista. Se manifiesta en la sorpresa de Álvaro al ver que Ana se muestra receptiva a sus avances y EN el abandono de la protagonista a la pasión que despierta en ella.
ESTRUCTURA
OPCIÓN A (POR ARGUMENTO)
La primera parte se correspondería con las líneas 1 a, que constituirían el planteamiento, puesto que se presenta la situación inicial (espacio y personajes). La segunda parte sería el cortejo, en el que se relata (mediante la técnica del resumen narrativo) la conversación entre Ana y su pretendiente, así como el efecto que produce en ambos. La conclusión se correspondería con el último párrafo, puesto que el narrador explica las consecuencias de dicho encuentro: tanto la Regenta como Don Álvaro son conscientes de que, de forma impícita, se han confesado una fuerte atracción mutua que promete ser el principio de una relación adúltera.
OPCIÓN B (POR MODALIDAD)
La primera parte se correspondería con las líneas 1 a 20, en que el narrador describe el ambiente desolado de la plaza desierta y su transformación debido a la espectacular aparición de Don Álvaro a lomos de su hermoso caballo. La oportuna llegada del jinete llena de vida el lugar y rescata a la Regenta de su tediosa vida en Vetusta.
La segunda parte, hasta el final del fragmento, es un resumen narrativo de la conversación entre el seductor y Ana Ozores, en el que se pone en evidencia la complicidad entre ambos y la atracción mutua que, por primera vez, ella no oculta.
TIPOLOGÍA
El texto pertenece a la tipología literaria, con un uso cuidado del lenguaje, como puede observarse en la detallada escripción de ambientes y personajes (tanto de su aspecto como de su psicología). Predomina, por tanto, la función poética, que se centra en la forma del mensaje. Así, aparecen numerosas figuras literarias (enumeraciones, anáforas, paralelismos, metáforas...), como se explicará más adelante.
GÉNERO
El texto es un fragmento de una novela y pertenece, por tanto, al género narrativo. Relata  los sucesos ocurridos a unos personajes (Ana Ozores y Álvaro Mesía) en un espacio y tiempo determinados (la plaza de la imaginaria ciudad de Vetusta en el siglo XIX). Como es típico de la novela realista, que pretende analizar en profundiad la psicología de los personajes, se trata de un narrador externo en tercera persona (“vio”, l.3; ““hablaron”, l. 22; “se atrevió”, l.25...) del tipo omnisiciente, puesto que describe los sentimientos y pensamientos tanto de Álvaro (“estaba pasmado”, l.28) como de Ana (“se sentía caer en un pozo”, l.35).
MODALIDAD TEXTUAL
El texto combina la modalidad narrativa y la descriptiva, con predominio claro de ésta última, lo que es habitual en la novela realista, puesto que pretende reflejar la forma de vida de la sociedad del siglo XIX, a la vez que adentrarse en la psicología de los personajes. Así, aparecen algunos verbos de acción en pretérito perfecto simple: “saludó” (l.13), “sospechó” (l. 19), “se atrevió a intentar acercarse” (l. 28-29) y numerosos infinitivos que indican movimiento y aportan dinamismo, como se comentará más adelante: “caracolear”, “revolverse” (l. 9),.
En la descripción aparecen sustantivos concretos (“plaza”, “lacayos”, “curas”, “chiquillos”, “mujeres”, l. 1-2), que constituyen una enumeración reforzada por la anáfora “ni”, para intensificar el contraste entre el aspecto inicial de la plaza desierta y la posterior transformación gracias a la llegada de Don Álvaro Mesía. Así, el narrador opone una Vetusta adormecida y monótona a la figura del seductor, un hombre apasionado y lleno de vida. Precisamente mediante otra enumeración se describe su espectacular entrada en escena. En ella se acumulan los adjetivos calificativos: “arrogante figura”, “jinete en soberbio caballo blanco, de reluciente piel, crin abundante y ondulada, cuello grueso, podrosa cerviz, cola larga y espesa” (l. 6-8), al igual que los infinitivos que describen de forma dinámica los movimientos del caballo: “piafar, caracolear, revolverse” (l. 9-10). La actitud arrogante y llena de elegancia del animal es un fiel reflejo de su amo, que tan hábilmente lo hace exhibirse en la plaza. De este ingenioso modo, el autor caracteriza de forma indirecta al jinete a través de su montura. Esta estructura formada por una serie de oraciones de infinitivo se repite además en las l. 31-34, que describen los calculados gestos del galán para seducir a Ana: “aproximarse”, “ponerse en pie sobre los estribos, estirar el cuello y hablar bajo para que ella tuviera que inclinarse sobre la barandilla”.
También dinámica y de gran plasticidad es la enumeración de las líneas 15 a 17, formada por tres sintagmas nominales cuyo núcleo está complementado por respectivos complementos en forma de S.Adj y S. Prep: “El estrépito de los cascos del animal sobre las piedras, sus graciosos movimientos, la hermosa figura del jinete, llenaron la plaza de repente de vida y alegría”. El narrador describe a continuación los intensos efectos de esta imagen en Ana, que hasta entonces contemplaba con hastío la ciudad desde el balcón (“la Regenta sintió un soplo de frescura en el alma”, l.17-18), para dar a continuación un paso más en la percepción subjetiva de la protagonista mediante el estilo indirecto libre, con una oración exclamativa que resume la emoción y la alegría que la embarga al verlo aparecer: “¡Qué a tiempo aparecía el galán” (l. 18)
La enumeración de sintagmas preposicionales se repite, reforzada por la anáfora “de”, cuando el narrador relata, mediante la técnica del resumen narrativo, la conversación entre los protagonistas: “Hablaron del caballo, del cementerio, de la tristeza del día, de la necedad de aburrirse todos de común acuerdo, de lo inhabitable que era Vetusta” (l. 23-25). Con ello pretende reflejar la complicidad que se establece entre ambos al compartir una misma percepción (despectiva) de su ciudad, lugar al que Ana nunca ha conseguido integrarse. El pretendiente se muestra muy hábil en la primera etapa de la seducción, puesto que a través de una conversación formal y banal, aparentemente intrascendente, consigue hacer sentir a la protagonista que ya no está sola y que sólo él puede rescatarla de la tediosa monotonía de Vetusta.
En cuanto a las formas verbales, como es habitual en la descripción están en imperfecto de indicativo: “no pasaba nadie” (l. 1), “según ahondaba” (l. 35). Algunos imperfectos, mediante una larga enumeración, describen los efectos del encuentro en la vulnerable Ana, intensificados además por el polisíndeton (de la conjunción copulativa “y”) y la estructura paralelística de las oraciones: “le parecía que toda la sangre le subía a la cabeza, que las ideas se mezclaban y confundían”; “se le secaba la boca y pasaba la lengua por los labios”; “por señas invisbles, por efluvios, por adivinación o como fuera, uno a otro se lo estaban diciendo todo” (l. 46-48). Así, el narrador refleja mediante el lenguaje la intensidad de las emociones que se apoderan de Ana y la llevan a abandonar cualquier intento de resistencia.
Asimismo, también es típica de la modalidad descriptiva la presencia de verbos atributivos: “Era animal de pura raza” (l.8), “Ana estaba locuaz” (l. 25), “Don Álvaro estaba pasmado” (l. 28), “le parecía que toda la sangre se le subía a la cabeza” (l. 36-37).
Por último, cabe destacar el uso de figuras literarias para describir escenas, personajes y estados de ánimo. Además de las ya mencionadas (enumeración, anáfora, paralelismo, polisíndeton), destacan también las comparaciones y metáforas. Las comparaciones hacen referencia a la bella y nerviosa montura de don Álvaro, espejo físico y emocional de su amo: “como si el caballo mostrase toda aquella impaciencia por su gusto” (l. 10-11); “como si al caballo le hiciese cosquillas aquel gesto, saltaba y azotaba las piedras con el hierro”, (l. 39), una imagen esta última muy dinámica y de gran plasticidad, con un evidente el simbolismo erótico, puesto que la excitación del caballo refleja la pasión entre los futuros amantes.
En cuanto a las metáforas, traducen de forma poética la el intenso efecto que Álvaro produce en la frustrada Ana: “un soplo de frescura en el alma” (l.17-18), “se sentía caer en un pozo” (l. 35), “las miradas del jinete eran cohetes que se encaramaban a la barandilla en que descansaba el pecho fuerte y bien torneado de la Regenta” (l. 41-43).
En conclusión, se trata de un texto que combina con gran maestría el resumen narrativo y la descripción dinámica y llena de plasticidad. Clarín aprovecha al máximo las técnicas y recursos de la narrativa realista y consigue expresar con intensidad las emociones más íntimas de la protagonista. Gracias al talento del autor, el lector se convierte en testigo del nacimiento de la pasión destructiva que conducirá a Ana Ozores a su trágico final.

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